Estrategias para comunicar oralmente las resoluciones judiciales con claridad y precisión
La comunicación en audiencia oral de las decisiones judiciales puede resultar un reto para las juezas y los jueces. En función de ello, resulta relevante que las autoridades judiciales tomen en cuenta algunos aspectos que inciden en lo acontecido antes del pronunciamiento de su resolución, y al momento mismo en que esta es dictada, según corresponda al asunto o los asuntos discutidos en la audiencia de que se trate.
Antes de dictar la resolución, tanto previo a la audiencia oral o durante el desarrollo de esta, la autoridad judicial debería considerar lo siguiente:
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Sin alterar las facultades de la autoridad judicial, indagar en las constancias del proceso sobre cualquier información o dato que pueda ser útil para dictar la resolución.
En consideración a los requisitos legales y los componentes de la motivación, identificar todos los elementos que la autoridad judicial debe abordar en su resolución. Si es posible, elaborar un esquema que asegure no obviar algún punto de interés.
Para dar respuesta a los puntos litigiosos, resulta necesario tomar nota de los planteamientos formulados en la audiencia. El apoyo de los auxiliares judiciales y de los medios tecnológicos puede ser de utilidad.
Una de las mayores limitantes en el contexto de las audiencias orales es el tiempo. En la medida de lo posible, resulta aconsejable programar el tiempo para la adecuada intervención de las partes y, en su caso, para que la autoridad pueda hacer una pausa a efecto de reflexionar y elaborar los argumentos de su resolución.
En la preparación de la audiencia, la autoridad judicial debe prever qué insumos necesitará (normativa y bibliografía, por ejemplo), para contar con estos al momento en que deba dictar su resolución. Un vaso de agua para cuando sea necesario es parte de la preparación.
Por otro lado, la intervención de la autoridad judicial frente al auditorio (las partes, abogados y abogadas, y el público presente en la audiencia) requiere atender a otros elementos, respecto de los cuales la jueza o el juez debería estar consciente:
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La autoridad judicial debe estructurar y ordenar sus argumentos. La elaboración de esquemas y la determinación previa de los puntos a tratar (incluso mencionándolos al inicio de su intervención) puede ser útil.
Los imprevistos ocurren y la autoridad judicial debe ser consciente de ello. La intervención inapropiada de las partes o del público u otro suceso no deben desestabilizar a la autoridad en su intervención.
La adecuada preparación antes de la audiencia y los ejercicios de respiración, entre otras técnicas, pueden ser útiles para dominar el miedo a hablar en público.
La autoridad judicial debe cuidar el manejo del lenguaje jurídico, sin emplear tecnicismos que resten claridad al discurso. Debe moderar su dicción para asegurar una comunicación asertiva.
La práctica y autoevaluación coadyuvan a mejorar la capacidad de hablar ante un auditorio. Asistir a audiencias como público o ensayar grabando lo practicado pueden ser útiles.
La autoridad judicial debe moderar su voz, el volumen, tono, ritmo y articulación de sus palabras. Levantar la voz no es sinónimo de autoridad ni garantiza mayor atención.
Cuidar siempre que la postura física, además de cómoda, no demerite la seriedad de la intervención de la autoridad judicial ante el auditorio.
Por último, pero no menos importante, en lo que concierne propiamente al pronunciamiento de su resolución en audiencia oral, la autoridad judicial debería siempre considerar otros aspectos:
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Cualquier conclusión que responda al objeto del proceso y las pretensiones de las partes, para ser racional, debe estar respaldada por un argumento que la justifique.
El conocimiento actualizado de la normativa y de la jurisprudencia aplicables es clave para responder adecuadamente ante los planteamientos efectuados en audiencia, incluso aquellos imprevisibles, como impugnaciones, incidentes o la promoción de garantías constitucionales.
En su intervención, la autoridad judicial debe considerar el tiempo prudencial. Aun en situaciones muy complejas, una extensión excesiva del tiempo puede hacer perder la atención del auditorio en el contenido del discurso.
El lenguaje empleado debe dirigirse a transmitir, con la mayor claridad y precisión posibles, la decisión. Esto no impide utilizar un adecuado lenguaje forense, pero siempre con el objeto de asegurar la comprensión de lo resuelto.
La autoridad judicial debe estar convencida de lo resuelto para poder transmitir, con seguridad y convicción, sus argumentos. Esto exige continua preparación y estudio, así como análisis de la situación concreta que se debe resolver.